UNA REFLEXIÓN SOBRE EL PESO DE LA VICTORIA Y LA DERROTA EN LA MENTALIDAD DEL PREPARADOR DEPORTIVO

” Si  usted  va  a  hacer  de cada  juego  un  asunto  de  vida  o muerte,  usted  va  a  tener  muchos  problemas.  En  primer  lugar,  usted  estará  muerto”, Decano Smith.

Esta genial apreciación del maestro de los banquillos nos acerca rápidamente al fondo de este artículo. ¿Cómo administramos la victoria y la derrota los entrenadores?

Generalizando, mi perspectiva es que, salvando las grandes victorias que saboreemos en la memoria prolongadamente; los efectos de una derrota son más intensos para el entrenador, en su mentalidad y autoestima, consciente o inconscientemente.

Pepu  Hernández   , “nos  pesa  demasiado  una  derrota,  que  está  muy  mal  compensada  con  la  victoria.  No  me  parece  justo  que  una  derrota  nos  dure  tanto  tiempo  o  incluso  nos  haga  cambiar  de  mentalidad  o  filosofía.  Es  un  error  que  la  derrota  te  haga  perder  la  confianza  en  ti  mismo.  Y  luego,  que  la  victoria  dure  tan  poco  y  ni  siquiera  te  refuerce  en  lo  que  piensas”.

Creo  que  nunca  había  reflexionado  de  forma  seria  sobre  este  aspecto,  pero  cuando  leí  la  afirmación  de  Pepu  en  uno  de  sus  libros  asentí  con  la  cabeza,  y  me  di  cuenta  de  la  cantidad  de  dudas  que   nos  plantean  los  malos  resultados;  a  veces  nos  hacen  incluso  realizar  modificaciones  injustificadas  y  no  meditadas  en profundidad; quizás  como  vía  de  escape  al  círculo  vicioso  y  autodestructivo  que  las  derrotas  originan , en ocasiones,  en  la  mente  de  los  entrenadores.

El resultado de un partido no es traicionero, suele reflejar la realidad de lo que ha pasado esos 40 minutos, un simple fotograma en la película. Lo que puede traicionarnos es el valor y la lectura que otorgamos a esos números.

Un ejemplo claro, seguro que cualquiera de los lectores recuerda un mal partido de su equipo, que en el caso de una derrota habría significado una reflexión y análisis claramente críticos; pero que a consecuencia de una reacción inesperada en la recta final, o por un descenso del nivel físico del rival, termina en épica victoria en los instantes finales del encuentro. Final feliz. Desde luego haremos autocrítica pero desde una perspectiva más positiva y moderada.

Es necesario marcar objetivos de resultado en un equipo de competición, pero debemos alejarnos de la dicotomía ganar o perder. Una vía es marcar otro tipo de objetivos previos también antes de empezar un encuentro, que además nos servirán de guía hacía la victoria.

Ejemplos de propósitos pre-partido; dominio del rebotes, control de balones perdidos, limitar número de puntos alcanzados por el rival…Son todos cuantificables y verificables objetivamente, nos ayudan a distanciarnos de focalizar simplemente en el resultado. El número de pre-objetivos que señalamos a los jugadores no debe de exceder de dos o tres, un número superior podría escaparse de la retentiva o del foco atencional.

Podemos encontrar más objetivos durante el propio partido, incluso abandonando los iniciales si ya no son alcanzables o gratificantes: ganar el próximo cuarto, no recibir más canastas sin balance defensivo, parar la aportación ofensiva de determinado jugador… Son objetivos ponderables, que no quedan dentro de la subjetividad, y que nos ayudan a sacar otras valoraciones de nuestro trabajo.

En el mundo profesional deportivo la magnitud de la derrota se intensifica, pero igualmente debemos buscar más parámetros para valorar el trabajo del equipo, y creo que debe hacerse de antemano, un partido está lleno de variables que no podemos controlar en absoluto.

Alejar a nuestros jugadores de la espiral de emociones que supone un resultado negativo es fundamental, especialmente en una racha negativa. Focalizar la atención en la incertidumbre del resultado produce dudas, inacción; de ahí la importancia de marcar otras metas que ayuden al deportista en centrarse en aspectos y acciones propiamente del juego que puedan visualizar.

Ahora entraremos en el análisis post-partido, ¿Puede un equipo que trabaja intensamente durante la semana  hablar de fracaso después de un partido no ganado? Evaluemos compromisos, esfuerzos, actitudes con precisión en los entrenamientos y partidos, separémonos de lo que nos notifica el acta más a menudo.

La  solución  sostenible  pasa  por  acatar  la  victoria o derrota  con naturalidad,  que  se  debería  conseguir  a  través  de  un  ejercicio  continuo  de  autocontrol  y  reflexión, desde una crítica constructiva y  positiva si las evaluaciones actitudinales durante la semana son buenas.  Sé  que  la  dificultad  de  todo  esto  radica  en  ponerlo  en  práctica,  pero  si  los  propios  entrenadores  no  somos  capaces  de  saber  afrontar  las  derrotas  con  entereza,  no  aleccionemos  a  los  jugadores  para  que  lo  hagan.

No podemos llevar el resultado a un terreno personal, es un error, la mayor parte de las variables que decidirán el signo del encuentro están fuera de nuestro control. Tampoco debemos evadirnos de nuestras responsabilidades, y justificar los resultados a los factores externos que no podemos controlar, por ejemplo el arbitraje, este vuelve a ser un terreno de incertidumbre, que genera tensiones y distracciones en los deportistas. Ayudémosles a visualizar acciones, decisiones y emociones que puedan controlar.

Quiero terminar el articulo con  Phil Jackson, “ Mi  obsesión  por  la  victoria  me  había  robado  la  alegría  del  baile.  A  partir  de  entonces  empecé  a  ver  la  competición  de  otro  modo.  Me  di  cuenta  de  que  había  estado  atrapado  durante  años  en  una  montaña  rusa  emocional  de  ganar  y  perder,  que  me  estaba  destrozando”.

Los entrenadores sufrimos constantemente, demasiado. Sufrimos durante el partido, cuando perdemos, también cuando ganamos, y nos enfrentamos al juicio resultadista perpetuamente. No saber administrar la derrota u obsesionarnos con la victoria va a suponer una autolimitación de nuestra capacitación como entrenador. La frustración que supone no disfrutar del deporte que amamos puede derivar en un acortamiento de nuestra carrera deportiva, y  extrapolar esa mentalidad negativa a ámbitos cotidianos, sería peligroso a nivel personal y laboral.

Disfruten.

 

Oihan López Sebastián.